Por Amira Arnaud | EN EL FOCO.- En los últimos años, escuchar una entrevista de Sergio Vargas, José Peña Suazo o Ramón Orlando puede resultar una experiencia curiosa. Lo que antes era una conversación sobre música, nuevos discos o conciertos, ahora con frecuencia se transforma en una larga cátedra sobre política, sociedad, economía, comportamiento humano o los problemas del país. Al final, más de uno termina preguntándose: ¿están hablando con un merenguero, un filósofo o un consejero de vida?
No hay duda de que los artistas tienen derecho a expresar sus opiniones. Su experiencia de vida les otorga una perspectiva valiosa y, en muchos casos, sus reflexiones pueden enriquecer el debate público. Sin embargo, cuando los sermones comienzan a ocupar más espacio que la música, surge una contradicción difícil de ignorar.
Mientras dedican horas a ofrecer lecciones sobre cómo debe actuar la sociedad, el repertorio de estos reconocidos exponentes del merengue sigue dependiendo, casi exclusivamente, de los éxitos que grabaron hace décadas. Son canciones que marcaron generaciones y que continúan siendo indispensables en cualquier fiesta, pero la pregunta sigue vigente: ¿dónde están las nuevas producciones que vuelvan a impactar al público con la misma fuerza?
El merengue necesita renovación, composiciones frescas y propuestas capaces de conectar con las nuevas generaciones. Sin embargo, muchos de sus principales exponentes parecen más concentrados en convertirse en comentaristas permanentes que en regresar al estudio de grabación para sorprender con obras de verdadero peso artístico.
El talento de Sergio Vargas, José Peña Suazo y Ramón Orlando está fuera de discusión. Su legado es incuestionable y su aporte al merengue forma parte de la historia de la música dominicana. Precisamente por eso, resulta válido esperar mucho más de ellos como creadores.
Quizás el mejor sermón que podrían ofrecer no sea frente a un micrófono en una entrevista, sino desde un estudio de grabación, demostrando que todavía tienen la capacidad de producir canciones memorables que enriquezcan el patrimonio musical dominicano. Al fin y al cabo, la historia recuerda a los grandes artistas por sus obras, no por la cantidad de discursos que pronunciaron.



