Texas.– La reaparición de la llamada “mosca barrenadora del Nuevo Mundo”, un parásito que se alimenta del tejido vivo de animales de sangre caliente, ha encendido las alarmas entre productores ganaderos de Estados Unidos, especialmente en Texas, donde la industria ya enfrenta los efectos de una prolongada sequía y la reducción histórica de los rebaños bovinos.
Las autoridades federales confirmaron recientemente los primeros casos de infestación por esta plaga en territorio estadounidense en más de seis décadas. El parásito, conocido científicamente como Cochliomyia hominivorax, deposita sus huevos en heridas abiertas de animales. Una vez nacen las larvas, estas penetran en la carne viva y continúan alimentándose del huésped, provocando lesiones graves e incluso la muerte si no se aplica tratamiento oportuno.
La situación preocupa especialmente porque el sector ganadero estadounidense atraviesa uno de los períodos más difíciles de los últimos años. La sequía persistente ha reducido los pastizales y elevado los costos de producción, mientras que el número de cabezas de ganado se encuentra en su nivel más bajo en aproximadamente 75 años. Esta combinación ha contribuido al aumento de los precios de la carne de res en todo el país.
Para evitar una propagación mayor, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha intensificado las medidas de control, incluyendo la liberación masiva de millones de moscas estériles. Esta técnica, utilizada con éxito durante el siglo pasado para erradicar la plaga en Norteamérica, busca impedir la reproducción de los insectos y reducir rápidamente su población.
Las autoridades también han impuesto restricciones al movimiento de animales y reforzado la vigilancia sanitaria en zonas cercanas a la frontera con México, donde se han reportado miles de casos de infestación en los últimos años. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), desde 2023 el brote se ha desplazado gradualmente hacia el norte desde Centroamérica y México.
Aunque los expertos subrayan que la plaga no representa un riesgo para la seguridad alimentaria ni contamina la carne destinada al consumo humano, advierten que podría causar importantes pérdidas económicas si logra expandirse entre los rebaños. Por ello, los organismos federales y estatales mantienen una respuesta de emergencia para contener la amenaza y proteger una industria ganadera valorada en miles de millones de dólares.



