Salud | NYL.- Mantenerse físicamente activo en la edad adulta mayor no es solo una recomendación médica, sino una necesidad para preservar la salud y la calidad de vida. Diversos estudios coinciden en que la actividad física regular contribuye a prevenir enfermedades crónicas, mejorar la movilidad y fortalecer la salud mental en personas mayores.
Especialistas en geriatría señalan que el ejercicio moderado ayuda a reducir el riesgo de padecimientos como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Además, favorece el fortalecimiento de los músculos y huesos, lo que disminuye significativamente la probabilidad de caídas y fracturas, uno de los principales riesgos en esta etapa de la vida.
Pero los beneficios no son solo físicos. La actividad física también impacta positivamente en la salud emocional. Caminar, practicar ejercicios suaves o participar en actividades grupales contribuye a reducir los niveles de estrés, ansiedad y depresión, al tiempo que promueve la socialización y combate el aislamiento.
Los expertos recomiendan que las personas mayores realicen al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, adaptada siempre a sus condiciones de salud. Entre las opciones más recomendadas se encuentran las caminatas, ejercicios de estiramiento, yoga, natación o rutinas de bajo impacto.
No obstante, antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, es fundamental consultar con un profesional de la salud, quien podrá orientar sobre las actividades más adecuadas según la edad, el estado físico y posibles condiciones médicas.
Promover el movimiento en la tercera edad no solo prolonga la vida, sino que mejora su calidad. Mantenerse activo es, en esencia, una herramienta clave para envejecer con autonomía, bienestar y dignidad.



