Nueva York.- El emblemático hipódromo Aqueduct Racetrack, considerado durante décadas un símbolo de las carreras de caballos en la ciudad de Nueva York, celebra este domingo 28 sus últimas jornadas de competencia antes de cerrar definitivamente sus puertas, poniendo fin a una historia que comenzó en 1894 y que marcó a varias generaciones de aficionados al deporte ecuestre.
Ubicado en el sector de South Ozone Park, en el condado de Queens, Aqueduct fue el último hipódromo en funcionamiento dentro de los límites de la ciudad de Nueva York. A lo largo de sus 132 años de existencia fue escenario de memorables competencias protagonizadas por legendarios caballos como Secretariat, Seabiscuit, Man o’ War y Seattle Slew, convirtiéndose en uno de los recintos más importantes de las carreras de pura sangre en Estados Unidos.

El cierre responde a una reestructuración impulsada por la New York Racing Association (NYRA), que concentrará todas sus operaciones en el renovado Belmont Park, cuya modernización recibió una inversión superior a los 500 millones de dólares. Como parte del acuerdo con el estado de Nueva York, el terreno que ocupa Aqueduct será entregado para futuros proyectos de desarrollo urbano, mientras que las actividades de carreras se trasladarán definitivamente al nuevo complejo.
Aunque las competencias en vivo concluirán este fin de semana, el recinto continuará ofreciendo apuestas por transmisión simultánea de carreras hasta el próximo 7 de septiembre. Para despedir al histórico escenario, la NYRA organizó una programación especial que incluye carreras con nombres inspirados en momentos emblemáticos del hipódromo, exhibiciones históricas, actividades para los aficionados y la entrega de recuerdos conmemorativos. La última carrera llevará el simbólico nombre de “It Was a Good Run” (“Fue un buen recorrido”), como homenaje al legado del llamado “Big A”.
Entrenadores, jinetes y seguidores del deporte han expresado nostalgia por el cierre de un recinto que durante generaciones fue punto de encuentro para miles de fanáticos. Para muchos, la despedida de Aqueduct representa el final de una era en la historia deportiva de Nueva York y refleja también la transformación que vive la industria hípica frente al auge de otras modalidades de apuestas y entretenimiento.
Con el cierre de Aqueduct concluye uno de los capítulos más importantes de la tradición hípica estadounidense, dejando un legado imborrable en la memoria de quienes hicieron de este histórico hipódromo un referente del deporte durante más de un siglo.




