NUEVA YORK.– La política de aplicación de la ley contra la evasión del pago de tarifas en el sistema de transporte público de la ciudad se ha convertido en un nuevo foco de debate luego de que el alcalde Zohran Mamdani expresara su desacuerdo con el enfoque agresivo utilizado por el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD). El mandatario sostiene que la respuesta al problema debe priorizar soluciones sociales y de acceso al transporte, en lugar de una estrategia basada principalmente en sanciones y presencia policial.
La discusión surge en un momento en que la Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA) enfrenta pérdidas millonarias por la evasión del pago de pasajes. De acuerdo con estimaciones recientes, la agencia deja de percibir cerca de 900 millones de dólares al año debido a usuarios que ingresan al sistema sin pagar, una situación que afecta tanto al metro como a la red de autobuses y que representa uno de los mayores desafíos financieros para el transporte público de la ciudad.
Mamdani, quien durante su campaña defendió la idea de ampliar el acceso al transporte e incluso impulsar un sistema de autobuses gratuitos, considera que criminalizar la pobreza no resolverá el problema de fondo. El alcalde ha insistido en que muchas personas evaden el pago debido al alto costo de vida y a las dificultades económicas que enfrentan miles de neoyorquinos, por lo que propone fortalecer programas de ayuda y mejorar la asequibilidad del servicio.
Su postura contrasta con la estrategia que el NYPD y la MTA han venido implementando para reducir la evasión. En los últimos meses se han incrementado las inspecciones, los operativos conjuntos y la presencia de agentes en estaciones y autobuses, además de la utilización de personal especializado para verificar que los pasajeros hayan pagado su tarifa antes o durante el viaje. Las autoridades sostienen que quienes cumplen con el pago no deben cargar con el costo de quienes utilizan el servicio sin contribuir a su financiamiento.
El presidente de la MTA, Janno Lieber, ha reiterado que la recuperación de esos ingresos resulta fundamental para mantener y mejorar el sistema de transporte. Según el funcionario, los recursos obtenidos por el cobro de tarifas permiten financiar el mantenimiento de la infraestructura, la compra de nuevos vehículos y la prestación de un servicio seguro y confiable para millones de pasajeros que utilizan diariamente el metro y los autobuses de Nueva York.
Mientras tanto, organizaciones de derechos civiles y defensores del transporte público han respaldado parte de los planteamientos de Mamdani. Estos grupos argumentan que una aplicación excesivamente estricta de las normas puede afectar de manera desproporcionada a comunidades de bajos ingresos y a minorías raciales, además de generar confrontaciones innecesarias entre pasajeros y agentes del orden. Diversos informes también han cuestionado la distribución desigual de multas y detenciones relacionadas con la evasión del pago del pasaje.
Por el contrario, sectores empresariales y algunos funcionarios sostienen que una reducción de la vigilancia podría incentivar aún más la evasión, agravando el déficit financiero del sistema de transporte. En ese contexto, la MTA continúa desarrollando nuevos mecanismos de fiscalización, incluyendo inspectores equipados con dispositivos electrónicos para comprobar el pago de las tarifas de manera más eficiente y menos confrontativa.
El debate refleja el difícil equilibrio entre garantizar la sostenibilidad económica del transporte público y aplicar políticas de seguridad que, al mismo tiempo, respeten los derechos de los usuarios. Mientras la administración de Mamdani impulsa una visión centrada en el acceso al servicio y la justicia social, la MTA y las fuerzas del orden insisten en que reducir la evasión del pago es indispensable para proteger los ingresos que permiten operar uno de los sistemas de transporte más grandes del mundo.



