Redacción | NYL .- Los taxis amarillos de la ciudad de Nueva York, conocidos como taxis amarillos, han sido durante más de un siglo un símbolo inconfundible del dinamismo urbano. Sin embargo, detrás de su imagen icónica, esta industria atraviesa profundas transformaciones marcadas por cambios en la demanda, la competencia tecnológica y el colapso del valor de sus licencias, conocidas como medallones.
Desde el punto de vista operativo, la mayor parte de los viajes de los taxis amarillos se concentra históricamente en el distrito de Manhattan, especialmente en las zonas de alta actividad económica y turística. Este patrón responde a que los taxis con medallón tienen autorización para recoger pasajeros en cualquier punto de la ciudad, pero encuentran su mayor volumen de clientes en el corazón financiero y comercial de la urbe. Manhattan funciona como epicentro del servicio, con millas de abordajes diarios en avenidas principales, centros de negocios y áreas cercanas a hoteles y teatros.
Durante años, esta concentración garantizó altos niveles de actividad. Se estima que el sistema llegó a movilizar cientos de millas de viajes diarios, con picos de más de 463.000 trayectos en un solo día en 2010. Sin embargo, esta cifra comenzó a disminuir de forma sostenida en la década siguiente.
Uno de los elementos más relevantes para entender la crisis del sector es el sistema de medallones. Implantado en 1937 como un mecanismo para limitar la cantidad de taxis en circulación, el medallón se convirtió con el tiempo en un activo altamente cotizado. Durante décadas, su valor creció de manera constante, pasando de unos 2.500 dólares a mediados del siglo XX a superar el millón de dólares entre 2013 y 2014 .
Sin embargo, este crecimiento no fue sostenible. La caída de los precios de los medallones comenzó de forma marcada a partir de 2014, coincidiendo con la expansión acelerada de las plataformas de transporte por aplicación como Uber y Lyft. Estas nuevas alternativas introdujeron una competencia sin precedentes, al ofrecer mayor flexibilidad tanto para conductores como para usuarios.
El impacto fue inmediato y profundo. Para 2016, el valor de muchos medallones había caído a aproximadamente 500.000 dólares, e incluso algunos llegaron a venderse por tan solo 250.000 dólares. Esto representó una pérdida de hasta el 75% del valor en apenas unos años.
La caída no solo afectó a inversionistas, sino también a millas de conductores que habían adquirido estos permisos mediante préstamos. Muchos quedaron atrapados en deudas impagables, lo que provocó una crisis social dentro del gremio. Paralelamente, la cantidad de viajes también disminuyó: de más de 463.000 trayectos diarios en 2010 a cerca de 336.000 en 2016.
A este panorama se sumaron otros factores. La introducción en 2013 de los llamados “boro taxis” —vehículos verdes autorizados a recoger pasajeros en los distritos externos, fragmentó aún más el mercado, al tiempo que la pandemia de COVID-19 redujo restrictiva la movilidad urbana, afectando especialmente a las zonas centrales de Manhattan.
A pesar de estos desafíos, los taxis amarillos siguen desempeñando un papel importante en el sistema de transporte de la ciudad. Su capacidad de ser abordados directamente en la calle, sin necesidad de aplicaciones, continúa siendo una ventaja competitiva en zonas de alta densidad. Además, siguen siendo una opción clave para millones de pasajeros al año, especialmente turistas y residentes sin acceso a servicios digitales.
En conclusión, los taxis amarillos de Nueva York representan una industria en transición. Mientras Manhattan sigue siendo el principal escenario de sus operaciones, el modelo económico basado en medallones ha sufrido un golpe estructural desde 2014. La combinación de nuevas tecnologías, cambios en los hábitos de movilidad y crisis económica ha redefinido el futuro de este emblemático servicio, que lucha por adaptarse sin perder su identidad histórica.




