Nueva York.— Los tradicionales carruajes tirados por caballos que durante más de un siglo han recorrido Central Park podrían desaparecer de las calles de Nueva York a partir del 1 de junio de 2028, si el Concejo Municipal aprueba una propuesta legislativa que cuenta con el respaldo del alcalde Zohran Mamdani.
Los legisladores municipales tienen previsto votar este jueves una iniciativa que busca poner fin a esta actividad turística, cuestionada durante años por organizaciones defensoras de los animales, que denuncian condiciones de trabajo inseguras para los equinos.
La propuesta cobró mayor fuerza tras la muerte de Romanch Mahajan, un turista indio de 18 años que falleció el 17 de junio después de ser arrojado de un carruaje cuando el caballo se descontroló. La familia del joven presentó una reclamación de 50 millones de dólares contra la ciudad y manifestó su apoyo a la prohibición.
Los carruajes forman parte del paisaje de Central Park desde el siglo XIX. Actualmente, la ciudad mantiene un límite de 68 licencias para esta actividad, algunas transmitidas entre familiares y valoradas en cientos de miles de dólares.
Sin embargo, la eventual prohibición también genera preocupación por sus consecuencias económicas. Cientos de personas, entre propietarios, cocheros y trabajadores de establos, podrían perder sus empleos. Algunos conductores defienden su actividad y consideran injusto que se elimine un negocio autorizado por las autoridades municipales.
La propuesta contempla que la alcaldía elabore un plan de transición y estudie medidas para compensar a los operadores afectados. También establece garantías para el futuro de los caballos, que no podrían ser enviados al matadero.
Las opiniones entre residentes y visitantes están divididas. Mientras algunos lamentan la posible desaparición de una tradición emblemática, otros consideran que existen alternativas modernas para ofrecer experiencias turísticas sin utilizar animales.
La votación prevista podría marcar el principio del fin de una de las imágenes más reconocibles de Manhattan y abrir un nuevo capítulo en el debate sobre bienestar animal, seguridad pública y patrimonio cultural.