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Luciano Pavarotti, incomparable tenor amado en el mundo


9/06/07
ROMA, Italia.— Luciano Pavarotti, será recordado por su impresionante registro vocal y su pletórico talento para el espectáculo, que lo convirtieron en el tenor más adorado y celebrado desde Caruso y uno de los pocos cantantes de ópera que alcanzó fama internacional como un astro popular.

El representante de Pavarotti dijo a The Associated Press que el tenor ha fallecido. Tenía 71 años.

A Pavarotti se le había diagnosticado cáncer pancreático el año pasado, y debió someterse a más tratamiento para su padecimiento en agosto pasado.

Para los aficionados serios, la belleza natural y el color de su voz hicieron de él el intérprete ideal del repertorio lírico italiano. Para millones más, sus interpretaciones de arias como “Nessun dorma”, de “Turandot” de Puccini, representaban la esencia de la ópera.

Reconocible instantáneamente por su espesa barba negra y su redondez envuelta en esmoquin, Pavarotti irradiaba una magia intangible que lo ayudó a conquistar corazones de un modo en que Plácido Domingo y José Carreras, sus compañeros en los conciertos “Los tres tenores”, nunca hicieron.

El tenor, quien parecía igual de cómodo cantando con la soprano Joan Sutherland que con las Spice Girls, se burlaba ante acusaciones de que sacrificaba su arte en favor del comercialismo.

“La palabra comercial es exactamente lo que queremos”, dijo tras aparecer en los ampliamente publicitados conciertos “Los tres tenores”. “Hemos llegado a 1.500 millones de personas con la ópera. Si quieren usar la palabra comercial, o algo más despectivo, no nos importa. Usen la que quieran”.

En los anales de esa raza valiosa y mimada que son los tenores líricos, se puede decir que el siglo XX empezó con Enrico Caruso y terminó con Pavarotti. Otros, como Domingo, recibieron más elogios de la crítica especializada por la amplitud de su gama artística y su inteligencia para encarar a los personajes, pero ninguno pudo igualar esa combinación de talento y simpatía que lo hizo un favorito de todos los públicos.

En su apogeo, se le conocía como el “rey del do de pecho” por la facilidad con que llegaba a esa nota alta. En efecto, sus nueve do de pecho en rápida sucesión cuando cantó el aria de Tonio de “La Fille du Regiment” de Donizetti en la Opera Metropolitana de Nueva York en 1972 lo convirtieron en un astro internacional.

De Beijing a Buenos Aires los públicos reconocían esa sonrisa incandescente y ese corpachón, así como ese enorme pañuelo que aferraba en la mano mientras cantaba arias, canzonettas napolitanas y canciones populares de moda para cientos de miles de personas en conciertos al aire libre.

Su nombre aparecía en la prensa del corazón con la misma frecuencia que en las páginas de crítica musical, sobre todo desde que se separó de su esposa Adua Veroni, la madre de sus tres hijas, después de 35 años de matrimonio y se casó con su secretaria Nicoletta Mantovani, de 26 años, en 1996.

En la última etapa de su carrera, algunos críticos lo acusaron de una tendencia creciente a favorecer lo comercial y lo vulgar. Fue criticado por cancelar conciertos o por apelar al mínimo común denominador en la elección de sus programas, así como por las giras de “Los Tres Tenores” y sus recaudaciones millonarias.

Hijo de un panadero y tenor aficionado, Pavarotti nació en 12 de octubre de 1935 en Módena.

De niño demostraba mayor interés en el fútbol que en sus estudios, pero le encantaba escuchar grabaciones de grandes tenores como Beniamino Gigli, Tito Schipa, Jussi Bjoerling y Giuseppe Di Stefano, su preferido.

Una amiga de infancia fue Mirella Freni, quien con el tiempo sería una soprano y una diva de la ópera. Estudiaron canto juntos y años después se reunieron en conciertos y grabaciones.

En 1961, ganó un concurso de canto local que le permitió debutar en el papel de Rodolfo en “La Boheme”, de Puccini. Dos años después, hizo el papel en el Covent Garden de Londres, sustituyendo a Di Stefano, e impresionó de tal manera al director Richard Bonynge, que éste lo contrató para hacer pareja con la gran soprano Joan Sutherland (quien, según diría Pavarotti, le enseñó a respirar bien) en “Lucia de Lamermoor”, en una gira de 14 semanas por Australia.

Este fue el comienzo: luego vinieron los debuts en La Scala de Milán (1965), San Francisco (1967), Nueva York (1968), Viena, París y Chicago.

Los públicos latinoamericanos también tuvieron oportunidad de escucharlo: cantó “La Boheme” en el Colón de Buenos Aires en 1987; “I Puritani” de Bellini en el Bellas Artes de Ciudad de México; Sanson et Dalila en el Teatro Municipal de Rio de Janeiro; dio conciertos en San Carlos de Apoquindo y en Concepción, Chile; y en muchas ciudades más del continente.

Aunque se formó inicialmente como tenor lírico, también hizo papeles dramáticos como Manrico en el “Trovatore” de Verdi y el papel titular de “Otello”.

Frecuentemente se lo comparaba con Domingo, el más destacado de sus contemporáneos. Los aficionados consideraban a Domingo, quien aún está activo, un músico más completo, pero él nunca tuvo el carisma de Pavarotti.

En 1990, Pavarotti, Domingo y Carreras aparecieron juntos en un concierto en los Baños de Caracalla en Roma, al finalizar la Copa Mundial de fútbol. El enorme éxito del recital significó el nacimiento de esa mini-industria multimillonaria y criticada que fueron “Los tres tenores”.

“Algunos dicen que la palabra pop es despectiva y significa algo que ‘no es importante’: yo no lo acepto”, dijo Pavarotti en una entrevista con The Associated Press en 2004. “Si dicen que clásico significa ‘aburrido’, no lo acepto. Hay música buena y música mala”.

En julio de 2006 Paravorri se preparaba para partir de Nueva York a reanudar una gira mundial de despedida cuando se le descubrió un tumor maligno en el páncreas. Fue operado en Nueva York y todos sus conciertos fueron cancelados.

En 2007 dio clases a grupos selectos de alumnos y trabajó en la grabación de un álbum de música sacra que saldría a la venta a principios del 2008. Pasaba su tiempo entre Módena y su finca en Pesaro, un balneario sobre el Adriático.

Pavarotti tuvo tres hijas con su primera esposa, Lorenza, Cristina y Giuliana; y una, Alice, con la segunda.


Source Website: laopinion.com